Me gusta ser principio, que no desencadenante, que para nada son la misma cosa. Otras veces, no está mal ser final, aunque a menudo los finales son tristes y dolorosos. Pero mayoría de las veces me quedo suspendida en el centro, siendo lo que otros comenzaron sin querer buscarle un fin, para ver cuánto puede durar la parte central y desafiar a todos para llevarles la contraria, como tantas veces hago. Y mi historia se perpetúe en el tiempo.
Prefiero ser tu silencio a tus palabras forzadas, tu amanecer tranquilo a tus noches agitadas, tu atardecer con sonrisas a tu mediodía discutido y quedarme a disfrutar de una panorámica de tu mirada de color de cielo a salir corriendo por no querer intentar soportar que me mires. Me quedo con los detalles que me deja el eco sordo de tu voz cuando reptas sobre mi cuerpo susurrando palabras frágiles, con la piel erizada de tu espalda suave cuando mis manos se pasean sobre ella para hacerla un poco más mía, con los besos escondidos que le regalas a la tela de mi epidermis y por supuesto con las tibias sonrisas que en medio de un acto de amor me ofreces con tu entrega singular. Guardo para mí cual tesoro de piratas las alas invisibles de tus manos cuando deciden armonizarse con tus cuerdas vocales e inventar ese baile cuya música la componen las palabras, las muecas de tu cara si algo de mí te coge por sorpresa, los besos espontáneos cuando te inventas esos momentos tan íntimos en los que no cabe ni siquiera un alfiler y cómo no, el calor que entre tus brazos me reconforta y me hace renacer en cada abrazo.
Eso es ser centro, trama de la historia, donde los papeles secundarios se quedan sólo en eso, en secundarios y donde tú y yo, como protagonistas, tenemos las riendas del guión que inventamos a cada paso que vamos dando. Sin pensar en un fin, mirando a veces al principio y regando las flores que nos encontramos en el maravilloso paseo que vamos dando.
Etiquetas:
Compartir
¡Necesitas ser un miembro de V de Visibles para añadir comentarios!
Participa en esta red social